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  El Miedo
El síndrome lucha-huida - Print 
Escrito por David 29/07/2007

Index

» El síndrome lucha-h...

"Escaladores de montañas y nadadores oceánicos de largas distancias te dirán que no es la montaña o el agua la que mata - es el pánico" (Gavin DeBecker)

Según el diccionario de la Real Academia Española (DRAE), el miedo es la “perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario”.

Cuando nos enfrentamos ante una situación violenta, el cuerpo, a través del sistema nervioso autónomo, desencadena una cascada de reacciones y adaptaciones fisiológicas, poniendo en práctica alguno de los programas prefijados por la naturaleza frente al miedo: la huida, el ataque, la inmovilidad o la sumisión.

Desde el punto de vista de la respuesta proporcional, los miedos que se consideran normales son los que producen reacciones adecuadas a la gravedad del estímulo, manteniendo la capacidad de control y respuesta. Un mismo estímulo puede provocar reacciones muy diferentes de unos individuos a otros. Todos vivimos en la misma realidad, pero cada uno habitamos en nuestro propio mundo. Lo que se recibe, se recibe a la manera del recipiente (Marina). El carácter del individuo, la experiencia, el entrenamiento y la preparación previa juegan un papel decisivo en la respuesta frente a una situación violenta imprevista.

Por otro lado debemos ser conscientes de que el estrés, la ansiedad o el miedo son funcionalmente útiles. Son respuestas del organismo a amenazas externas que desatan la activación del sistema nervioso autónomo con el fin de protegernos del peligro y prepararnos para sobrevivir.

En los primeros días del hombre (y la mujer), éste tenía que luchar para vivir y comer, el miedo estaba presente cada día, de tal manera que el sentimiento era tan natural como comer o beber. En la sociedad actual, que esta mucho más domesticada en comparación, la adrenalina no es necesaria en nuestra vida cotidiana. En efecto, muchas personas pueden pasar su vida entera sin experimentar esta sensación de forma completa. De esta manera, cuando la situación surge causando que la adrenalina fluya, estamos tan poco familiarizados con ésta que ni es bienvenida ni nos es grata. ¡Entramos en Pánico! Los psicólogos lo llaman el síndrome de lucha-huida. (fight or flight syndrome) (Geoff Thompson - Dead or Alive)

Cuando algún tipo de peligro es percibido, se activa un sistema de alarma en el organismo que lo prepara para sobrevivir, desencadenando toda una serie de reacciones fisiológicas. Al detectar algo que representa un peligro la amígdala cerebral comienza a trabajar: esto significa que el sistema nervioso autónomo responde a la amenaza poniendo en alerta todos los sistemas. La amígdala cerebral es una región con forma de almendra situada en el lóbulo temporal medial del cerebro. Está relacionada con la percepción de las expresiones faciales, la memoria en situaciones emocionales y la respuesta al miedo.

El sistema nervioso autónomo (S.N.A.), considerado frecuentemente como una parte del sistema motor del sistema nervioso periférico, controla las funciones internas involuntarias del cuerpo. Tiene dos ramas llamadas sistema nervioso simpático (S.N.S.) y sistema nervioso parasimpático (S.N.P.). Estas dos ramas del sistema nervioso están directamente implicadas en el control de los niveles de energía corporal y de la preparación para la acción.

  • El sistema nervioso simpático: actúa en los periodos de estrés, mediando las respuestas fisiológicas de lucha, miedo, huida, de modo que promueve el catabolismo y el gasto energético. Se le suele asociar con las respuestas de defensa y supervivencia del organismo y prepara el cuerpo para la acción.
  • El sistema nervioso parasimpático: es el sistema de restauración, actúa en los periodos de relajación, sedación y reposo, mediando las respuestas fisiológicas de ahorro de energía y, en general, el metabolismo anabólico, devolviendo el cuerpo a un estado normal.
  •  

    En la activación del organismo en el S.N.A., el hipotálamo, encargado de regular muchas de las actividades vitales del organismo, dispara la glándula pituitaria. La glándula pituitaria está situada cerca de la base del cráneo y produce tirotropina para estimular la glándula tiroides y adrenocorticotropina (ACTH por sus siglas en inglés) que estimula la producción de cortisol por las glándulas adrenales y libera a través del cuerpo dos productos químicos: la adrenalina y la noradrenalina.

    Cuando la adrenalina se dispara por el cuerpo, las pupilas se dilatan: éstas se abren para dejar entrar la máxima luz posible y de esta manera ayudar al reconocimiento del peligro, lo que puede producir visión borrosa y puntitos luminosos enfrente de los ojos. Los ojos, la única parte expuesta del cerebro, llevan información directamente al tálamo. El tálamo actúa como vía de entrada para todos los estímulos sensoriales, excepto el olfato. La glándula tiroides segrega tiroglobulina, una proteína que aumenta el ritmo metabólico. El resultado es hacer disponible más energía para el sistema defensivo del cuerpo.

    Los bronquios se dilatan para permitir mayor entrada de aire a los pulmones. Se produce un incremento en la velocidad y profundidad de la respiración . Esto tiene una importancia obvia para la defensa del organismo, ya que los tejidos necesitan más oxígeno para prepararse para la acción . Las sensaciones producidas por este incremento en la respiración pueden incluir, sin embargo, falta de aliento, sensación de ahogo o asfixia e incluso dolores u opresión en el pecho.

    El vello se eriza con el fin de aumentar el área receptiva sensorial del cuerpo. El hígado descompone glucógeno que es la forma principal en la que los carbohidratos son almacenados en el tejido hepático. Esta descomposición del glucógeno provee energía adicional instantánea que ayuda a mantener el alto nivel metabólico elevado inicialmente por la glándula tiroides.

    El bazo, órgano situado a la izquierda del abdomen, detrás del estómago y debajo del diafragma, encargado de producir, controlar, almacenar y destruir células sanguíneas, así como de crear anticuerpos protectores (jugando un importante papel en la lucha contra la infección), se contrae. Esta contracción bombea glóbulos blancos para luchar contra la infección y plaquetas que asisten en la coagulación de la sangre. Se produce un incremento en el ritmo cardíaco y aumenta la fuerza del latido. Esto es vital para preparar el cuerpo para la actividad ya que ayuda a aumentar la velocidad del flujo sanguíneo y mejora de este modo el reparto de oxigeno a los tejidos y la eliminación de productos de desecho de los tejidos.

    Se produce un incremento en la sudoración destinado a mantener estable la temperatura corporal (también hace la piel más resbaladiza, de forma que es más difícil para un predador agarrar). Hay una disminución de la salivación, lo que hace que la boca esté seca.

    Todas las actividades del cuerpo que no están asociadas con la respuesta de lucha-huida son reducidas. La vejiga, que mantiene la orina y el colon, que mantiene las heces, se preparan para evacuar. El cuerpo no necesita un peso extra y necesita reducir el riesgo de infección que se podría presentar en caso de ser dañado alguno de estos órganos. Se produce un cambio en el flujo sanguíneo: la sangre es retirada de los sitios donde no se necesita (mediante constricción de los vasos sanguíneos) y dirigida hacia los sitios dónde se necesita más (mediante dilatación de los vasos sanguíneos). La sangre se retira de la piel, de los dedos de las manos y los pies, y se dirige a los grandes músculos como los muslos y los bíceps lo que ayuda a que el cuerpo se prepare para la acción. Esto es útil porque si el organismo es atacado y sufre un corte, es menos probable que se desangre hasta morir. Hay una menor actividad en el sistema digestivo, lo cuál produce frecuentemente náusea y pesadez de estómago. Muchos de los grupos musculares se tensan para prepararse para la lucha-huida.

    En conjunto, la respuesta de lucha-huida produce una activación general de todo el metabolismo corporal, todo el organismo es alertado de la posible existencia de peligro y éste se prepara para la acción: atacar o huir.

    Debido a esta preparación del cuerpo, la frecuencia cardíaca puede saltar de 60-70 pulsaciones por minuto (ppm) a sobrepasar las 200 pulsaciones por minuto (ppm) en menos de un segundo. El incremento de la frecuencia cardíaca tiene una repercusión directa en el desempeño de habilidades:

    Si partimos como base de una persona con una frecuencia cardíaca de 60-70 ppm, en un incremento a 115 ppm mucha gente empieza a perder habilidades motoras finas así como la destreza de los dedos, haciendo difícil marcar un teléfono , abrir una cerradura o apuntar con un arma. Mientras técnicas marciales que requieren habilidades motoras finas comienzan a ser menos efectivas, las que requieren habilidades motoras gruesas no se ven afectadas.

    Alrededor de 145 ppm la mayoría de las personas comienza a perder las habilidades motoras complejas, así como la coordinación viso-manual. Movimientos que requieran un 'timing' exacto hacen las técnicas complejas muy difíciles si no imposibles. Aplicaciones directas, simples, especialmente las relacionadas con acciones reflejas musculares pre-programadas, son bastante factibles. Practicantes de artes marciales entrenados pueden operar de forma muy efectiva en este rango.

    Alrededor de 175 ppm la mayoría de las personas comienza a perder la percepción de la profundidad, experimenta la visión de túnel (la visión de túnel aumenta la concentración visual, pero disminuye la visión periférica, la cual no es necesaria para la respuesta lucha-huida), y algunas veces incluso sufren perdidas de memoria temporales. En este punto es incluso un desafió pensar con lógica, aunque las repuestas que requieran habilidades motoras gruesas son todavía efectivas.

    Alrededor de 185-220 ppm muchas personas experimentan hiper-vigilancia, perdida de pensamientos racionales y pierden la habilidad de moverse conscientemente o reaccionar . Sin entrenamiento previo, la mayoría de la gente no puede funcionar con este nivel de estrés. Incluso practicantes altamente entrenados tienden a experimentar un notable descenso del rendimiento.

    The Way of Kata (L.A.Kane y Kris Wilder)

    La tensión generada por el miedo y sus efectos en el organismo condicionan de manera significativa una respuesta efectiva frente a una agresión. La sinergia mente-cuerpo presente en las artes marciales, el entrenamiento en situaciones de estrés, la repetición de técnicas hasta convertirlas en un segundo reflejo natural, la eliminación de movimientos complejos y excesivamente minuciosos, se tornan indispensables para poder afrontar con éxito situaciones de máximo estrés.

    El miedo controlado es un poderoso aliado en una situación violenta, constituye un mecanismo de supervivencia surgido para permitir al individuo responder con rapidez y eficacia. Pero los efectos fisiológicos que produce en el organismo pueden repercutir de forma desfavorable en nuestro desempeño y convertir técnicas eficaces en movimientos imprecisos e inservibles.

    Muchos maestros de Karate han insistido en que el entrenamiento de las artes marciales no es sólo un entrenamiento físico: la unidad cuerpo-mente es indivisible y una práctica correcta de Karate debe proporcionar el equilibrio mental necesario que nos permita controlar nuestras emociones, que no bloquee la mente y la libere de pensamientos. De esta manera, podremos reaccionar de forma correcta, instintiva e instantánea frente a cualquier estímulo, lo que se conoce como “fudochi” o mente vacía de pensamiento. "El "fudochi" (sabiduría en calma) representa la forma correcta de afrontar un combate: es como un estanque de agua, si tiene olas nada se refleja, en cambio si está tranquilo es capaz de reflejar cualquier cosa." (Kenwa Mabuni).

    Este estado de no pensar de forma consciente, es lo que los japoneses llaman “mushin” (sin mente). El Maestro Shigeru Egami acostumbraba a decir que se debía practicar karate para llegar al "mushin" o estado de no mente. La mente debe estar libre para poder responder ante cualquier estímulo externo, sin interferencias ni bloqueos, como las emociones, el temor o la ira, que impiden la reacción espontánea en el momento de un ataque e inhiben la reacción refleja del cuerpo.

    Durante el entrenamiento repetido de las técnicas y katas buscamos que la ejecución se realice de forma inconsciente, asociándolas a un estímulo, lo que en ciencia describió el fisiólogo ruso Paulov al formular la Ley del Reflejo Condicionado en la que asociaba un estímulo a un reflejo, o anterior a éste, el filósofo griego Aristóteles en su Ley de la contigüidad: "cuando dos cosas suelen ocurrir juntas, la aparición de una traerá la otra a la mente".

    Esta liberación de la mente sólo es posible a través de la práctica continuada. En el entrenamiento se debe buscar la forma de crear e incentivar las respuestas correctas y reflejas frente a cualquier tipo de ataque (estímulo).

    De la misma forma que se realizan las técnicas durante el entrenamiento, se realizarán éstas en una situación real. Si acostumbramos a realizar las técnicas de forma artificiosa y poco efectiva, no podemos pretender que en una situación de tensión seamos capaces de adaptarlas y convertirlas en efectivas. Debemos entonces buscar la forma más sencilla de ser eficaces, no basta con repetir las técnicas de forma mecánica. “Durante la práctica deberías imaginar que estás en el campo de batalla” - expresaba el maestro Itosu en uno de sus famosos preceptos - “Cuando ataques o defiendas debes tener una mirada furiosa en los ojos, baja los hombros y endurece el cuerpo. ¡Ahora bloquea el puñetazo del enemigo y ataca! Practica siempre con este espíritu de modo que, cuando estés en el verdadero campo de batalla, estarás preparado de forma natural”.


    David Quiroga Huélamo
    david@karate-jutsu.net

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    Bibliografía:
    * Anatomía del miedo - José Antonio Marina
    Bunkai Jutsu - Ian Abernethy
    The Way of Kata - L.A.Kane y Kris Wilder
    Ininiciación al Karatedo - Kenwa Mabuni y Genwa Nakasone
    Geoff Thompson - Dead or Alive
    Fisiología y psicologia del miedo y la ansiedad
    Kinesiología y anatomía aplicada a la actividad física - Jarmo Ahonen, Tiina Lahtinen y otros
    Atlas de Anatomía Humana - Frank H. Netter
    Timing in the Fighting Arts - Loren W. Christensen and Wim Demeere









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