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Escrito por Brad Binder, Ph.D.
© 1999 2007
Por favor, no copiar o reproducir este artículo sin antes tener permiso del autor.
(Ver original de la publicación en Inglés)
[ Nota: Este artículo fue reproducido en el International Ryuku Karate Research Society's Journal in 2007. También ha sido traducido al portugués por Ubaldo Alcantara - Propietario de la Aikido em Língua Portuguesa web site.]
Traducido por gema (Psicóloga y colaboradora habitual de esta Web) y publicado en karate-jutsu.net con autorización expresa del autor |
A menudo hay controversia acerca de si la práctica de artes marciales conduce o no a cambios psicológicos positivos o negativos entre los participantes. Son muchos los que afirman que la práctica de las artes marciales desarrolla cambios psicológicos beneficiosos e incita a un correcto desarrollo ético y moral. Algunas artes marciales, como el judo, fueron desarrolladas con este objetivo en mente. En contraste, algunos afirman que la participación en actividades combativas, socialmente sancionadas, promueve la violencia y la agresión. La mayoría de las imágenes de las artes marciales en conocidas películas y shows de televisión probablemente ha ayudado a propagar esta segunda afirmación. Ciertamente, la popularidad de torneos de artes marciales de “pago por visión” y “vale-todo” ofrecen al público general una visión unilateral de las artes marciales y una causa para reunirse en busca de una regulación legislativa relativa a estas artes. Los cambios en las artes marciales asiáticas a lo largo de la historia podrían apoyar cualquiera de los 2 puntos de vista: mientras las artes marciales asiáticas provenían de un ambiente donde uno mataba o moría, en épocas más recientes y pacíficas los objetivos de muchas artes marciales han cambiado para dirigirse hacia otras metas más diversas como el crecimiento personal y la autodisciplina.
Si los artistas marciales están preocupados por llegar a ser mejores personas y reducir la violencia en ellos mismos y en la sociedad, es importante conocer cuál de estas afirmaciones es cierta. También deberían estar preparados para defender su capacidad para practicar las artes marciales contra las presiones sociales y las prohibiciones o limitaciones legislativas. Si bien hay considerables evidencias teóricas que apoyan los aspectos positivos y negativos de la práctica de las artes marciales, es importante valorar si las investigaciones científicas sustentan una afirmación o la otra. Uno de los objetivos principales de este artículo es resumir la evidencia empírica en esta área de investigación. Otras importantes cuestiones a las que nos remitiremos incluyen: a) ¿Son los cambios psicosociales obtenidos en la participación en las artes marciales diferentes de aquellos obtenidos en otras actividades? B) ¿Qué aspectos específicos del entrenamiento de las artes marciales afectan a los cambios psicosociales? C) Si la práctica de artes marciales es beneficiosa psicológicamente, ¿es un método eficaz para el tratamiento psicológico?
¿SON LAS ARTES MARCIALES BENEFICIOSAS PARA NOSOTROS?
Es probable que haya cambios psicosociales tanto a corto como a largo plazo, procedentes de la práctica de un arte marcial. Existen sólo unos pocos estudios que evalúen los efectos a corto plazo de la práctica de artes marciales. En un estudio, una sola sesión de footing o de levantamiento de pesas llevaba a una disminución de la tensión, la ansiedad, la depresión y la ira–hostilidad en los sujetos, inmediatamente después del ejercicio. Sin embargo, una sola sesión de karate no produjo cambios en estas medidas. Se observó que el nivel de actividad de los alumnos de karate en el estudio fue menor que la de los otros grupos (McGowan et al., 1991). Esto sugiere que es necesario un nivel mínimo de actividad para que estos cambios se produzcan. En contraste, una sola sesión de taijiquan ayudó a reducir los niveles de estrés inmediatamente después de una experiencia estresante (Jin, 1989; 1992). Se requiere mucha más investigación en esta área antes de que se puedan extraer conclusiones acerca de los efectos a corto plazo del entrenamiento en artes marciales.
En contraste con la ausencia de investigación sobre los efectos a corto plazo del entrenamiento en artes marciales, hay un creciente cuerpo de literatura sobre los efectos a largo plazo de la práctica de artes marciales. Los hallazgos de la mayoría de estos estudios muestran que la práctica de artes marciales conduce a cambios psicosociales positivos en los participantes. Muchos estudios sobre este tema son de diseño transversal (1) examinando a los artistas marciales con diferentes rangos de cinturón o tiempo de participación. Estos estudios utilizan una variedad de metodologías para examinar alumnos de jujitsu (Nosanchuk y MacNeil, 1989; Daniels y Thorton, 1990; 1992), karate (Kroll y Carlson, 1967; Reiter, 1975; Duthie et al., 1978; Nosanchuk, 1981; Konzak y Bourdeau, 1984; Richman y Rehberg, 1986; Layton, 1988, 1990; Nosanchuk y MacNeil, 1989; Daniels y Thornton, 1990; 1992; Foster, 1997; Guthrie, 1995; 1997) y tae kwon do (Duthie et al., 1978; Rothpearl, 1980; Nosanchuk, 1981; Nosanchuk y MacNeil, 1989; Skelton et al., 1991; Kurian et al., 1993; 1994). En general, existe una relación inversa entre el rango de cinturón o cantidad de tiempo practicando un arte marcial y la ansiedad (Reiter, 1975; Layton, 1990; Kurian et al., 1993), la agresividad, la hostilidad (Rothpearl, 1980; Nosanchuk 1981; Nosanchuk y MacNeil, 1989; Skelton et al., 1991; Daniels y Thornton, 1990; 1992), y el neuroticismo (Layton, 1988). Existe una correlación positiva entre la cantidad de tiempo practicando o el rango de cinturón y la confianza en uno mismo (Duthie et al., 1978; Konzak y Bourdeau, 1984), la independencia, la autosuficiencia (Konzak y Bourdeau, 1984; Kurian et al., 1994), y la autoestima (Richman y Rehberg, 1986).
Si bien estos resultados están animando a aquellos que practican las artes marciales, la mayoría de estos estudios transversales no controlan la auto-selección y el desgaste con el tiempo. Los rasgos positivos observados en los grupos más experimentados y de más altos rangos podría deberse a que los alumnos que tenían rasgos negativos dejaron de participar en la actividad. Además, no había grupos control en estos estudios, lo que hace difícil inferir causalidad. Un estudio transversal de Nosanchuk y MacNeil (1989) controló la auto-selección y el desgaste mediante el estudio tanto de los actuales como de los antiguos alumnos de karate, tae kwon do o jujitsu. Ellos encontraron una relación inversa entre el rango y la agresividad en alumnos que estudiaban en situaciones “tradicionales”. Los antiguos alumnos también tenían estas medidas bajas de agresividad. Esto sugiere que una disminución en la agresividad puede atribuirse al entrenamiento, no al desgaste.
Un número de estudios longitudinales examinando alumnos de hapkido (Spear, 1989), judo (Pyecha, 1970), jujitsu (Daniels y Thornton, 1992), karate (Daniels y Thornton, 1992; Foster, 1997), tae kwon do (Finkenberg, 1990) y taijiquan (Brown et al., 1995) apoyan los hallazgos de los estudios transversales resumidos arriba. La práctica de artes marciales fomenta disminuciones en hostilidad (Daniels y Thornton, 1992), ira (Brown et al., 1995) y sensación de vulnerabilidad al ataque (Madden, 1990; 1995). Esto también conduce a individuos más tranquilos y amables (Pyecha, 1970) y aumenta la confianza en uno mismo (Spear, 1989), la autoestima (Finkenberg, 1990; Brown et al., 1995) y el autocontrol (Brown et al., 1995). El estilo del arte marcial podría ser relevante. En un estudio realizado por Foster (1997), los alumnos de karate, pero no los de aikido, mostraron una disminución de la ansiedad–rasgo. Este estudio deberá ser replicado, ya que los sujetos no fueron asignados aleatoriamente. No obstante, esto sugiere que ciertas artes marciales podrían conducir a cambios más rápidamente que otras. De ser esto cierto, una hipótesis sería que los movimientos más complejos y los conceptos extraños relativos a algunas artes marciales producirían cambios más lentamente.
Cabe señalar que algunos estudios no han hallado efectos del entrenamiento en artes marciales. En un estudio transversal, Kroll y Carlson (1967) no encontraron correlación entre la cantidad de tiempo estudiando karate y rasgos de personalidad. Esto contrasta con el gran número de estudios transversales realizados posteriormente. En un estudio longitudinal, niños que entrenaron en aikido durante 2½ semanas, no mostraron cambios en autocontrol, según informaron sus profesores (Delva–Tauilili, 1995). Sería interesante ver este estudio repetido por un periodo de tiempo mayor y con mejores controles, para comprobar si el entrenamiento en aikido produce cambios cuantificables.
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